domingo, 31 de marzo de 2013

Sin pantalones y por el aire

Hace unos tres veranos regresé a mi tierra a ver a mi familia ¡por fin! volvía a Caracas y estaba la mar de contenta.

Por delante tenía un largo camino. Mi primer vuelo salía a las 11:30 de la mañana, pero mi Santo me tuvo que dejar en el aeropuerto a las 8:00 de la mañana porque él tenía que volver a trabajar, así que tocó madrugar para ir hasta el aeropuerto y, luego, quedarme sola durante un buen rato con mi enorme maleta hasta que pude facturarla, mas la espera hasta por fin embarcar, primero, con destino a Madrid. Menos mal que tenía un buen libro en la mano y me entretuve leyendo.

Cuando llegué a Madrid, tuve que esperar un par de horas para embarcar en mi conexión a Caracas, pero eso es mucho mejor a llegar con el tiempo justo y perder el vuelo así que no me importó.

Decidí que lo mejor sería caminar por el aeropuerto para ver las tiendas y conocerlo cuando empecé a sentirme algo incómoda...¡LOS PANTALONES SE ME CAÍAN!. La cinturilla elástica del pantalón se había roto ¡Y ERA LO ÚNICO QUE LO MANTENÍA EN SU SITIO!, así que el susodicho, que todo sea de paso me estaba estrenando, resbalaba por mis muslos si no lo sujetaba con la mano ¡MENUDO PANORAMA!, empecé a caminar con mas ahínco, sujetando el pantalón en un costado, buscando, infructuosamente, una tienda de ropa, necesitaba comprar otro pantalón...pero ¿os lo podéis creer?, en el aeropuerto no había ninguna tienda de ropa, así que entré en una de esas perfumerías enormes, me acerqué a una dependienta y le conté mi penosa situación y le pregunté si sabía dónde podía comprar un pantalón. Tal como me temía, la dependienta me dijo que no había ningún sitio pero me ayudó colocándome una goma elástica de un lado de la cinturilla, haciendo una especie de "muñuño" que sujetaba el pantalón. 

La idea funcionó perfectamente, el pantalón se quedó en su sitio durante las nueve horas de vuelo a Caracas, para reventarse justo en el aterrizado...¡OH DIOS!, el pantalón volvía a bajarse si no lo sujetaba y eso representaba un gran problema.

Parada delante de la cinta transportadora del equipaje, intenté en la primera vuelta, bajar una de mis maletas de 23 kilos con una sola mano...MISIÓN IMPOSIBLE, aquello pesaba demasiado y necesitaba ambas manos. Subí mis pantalones todo lo que pude, evitando mirar a la gente que me rodeaba que seguramente alucinaba, solté los pantalones y cogí la primera maleta, para volver a sujetarlos justo antes de que se bajasen y repetí el proceso para bajar mi segunda maleta.

Allí estaba yo, con dos maletas que arrastrar y una única mano disponible para hacerlo, a punto de ponerme a llorar ante lo ridículo de la situación, sabiendo que me madre me esperaba a pocos metros. Volví a subirme lo más que pude los pantalones, agarré mis maletas y empecé a caminar...unos pocos pasos porque con el movimiento, los pantalones bajaban mucho más rapido...así que me toco repetir el proceso una treintena de veces hasta que llegué a donde mi madre y mi comadre me esperaban, ambas radiantes de felicidad y extendiendo sus brazos para abrazarme y depositar en los míos un ramo de rosas precioso el cual yo sujeté a duras penas antes de tener que sujetarme de nuevo el pantalón.

Gracias a los cielos, a partir de ahí, ellas se encargaron de mis maletas y yo pude caminar sujetando el pantalón con mayor seguridad, agradeciendo a Dios que después de tantas horas, había pasado por todo el trance sin enseñarle el culo a nadie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario