Como era de esperarse, a partir de ese incidente empecé a tener verdadero pánico a las clases. Lloraba, gritaba, pataleaba y hasta me agarraba de la puerta de entrada a la piscina y tenían que tirar de mí para desengancharme, realmente estaba aterrorizada.
Mi miedo creció con el tiempo, ya había pasado el primer nivel y ahora teníamos que "nadar" algunos trozos solos. En aquel entonces, todos seguíamos agarrados de la pared y, por turnos, el profesor (ahora era un chico) nos cogía en brazos y nos separaba de la pared...y nos soltaba desde una distancia prudencial para que llegásemos a la pared de nuevo.
Para mí resultaba realmente traumático que me soltaran, seguramente, aquel evento en mi primer día de clases me había marcado para siempre y no era capaz de superarlo. Compadezco a mi profe, ya que yo, para evitar que me soltara, me agarraba como posesa a su cuello, su pelo...creo que le arranqué un montón de pelo y le dejé muchos mas arañazos...cualquier cosa valía para quedarme pegada a él y, de paso en la superficie del agua...hasta que el muy cabrón empezó a utilizar la técnica de sumergirse para que lo soltara...si quería estar fuera del agua, tenía que intentar nadar ya que mi flotador particular de carne y hueso se hundía en la piscina y, si algo yo no quería, era hundirme.
La distancia que nadábamos cada día, dependía de la decisión del profesor y era medida según las líneas que estaban pintadas en el fondo de la piscina...
Al nadar a lo ancho de la piscina, cada una de esas líneas del fondo eran nuestro punto de partida, a veces, nadábamos desde la segunda hasta la pared, o desde la tercera...todo según tuviera el día el profe. Lo mejor que nos podía pasar es que fuese desde la primera, pero eso era un premio que rara vez nos daban.
Quedaos con la imagen y la explicación...pronto volveremos a ella.
Un día cualquiera, estaba yo en el parque infantil del club (he de decir que era la Hermandad Gallega de Venezuela) cuando mi madre me fue a buscar para prepararme para la clase de natación.
Yo en ese momento estaba columpiándome en un columpio muy largo y estaba tomando algo de altura:
-Venga Pato, que tienes que cambiarte para la clase
-Un momento mami, déjame enseñarte lo que hago...
Empecé a columpiarme con mas ímpetu y tome una altura considerable. Mi pobre madre, no pilló mis intenciones hasta que ya fue demasiado tarde...cuando llegué a lo alto, me solté del columpio para caer de pie triunfante... Juro que ya lo había hecho en mas de una ocasión, pero como ya iréis viendo, cada vez que quiero enseñar cómo hago algo siempre me sale mal.
El caso es que volé por los aires y, cuando toqué tierra (bueno, tierra no...cemento que es peor), lo hice de rodillas y no pude evitar la inercia y metí la frente contra el suelo...¡Tremendo carajazo!
Mi madre salió corriendo conmigo para la enfermería mientras mi frente iba creciendo por momentos y cambiaba de color y las risas de los otros niños que estaban en el parque flotaban hasta mis oídos. Me revisó la enfermera, me revisó el médico y yo, la verdad estaba muy contenta ¡NO TENDRÍA QUE IR A CLASES DE NATACIÓN ESE DÍA!, hasta que mi madre le preguntó al médico si podía asistir a la clase.
Teniendo en cuenta que mi frente parecía la de un unicornio joven, pensé que era imposible que me dejasen nadar pero ¡NO!, el médico ha dicho que sin ningún problema ¿alguien se lo puede creer?, el caso es que me llevaron a clases de natación llorando y pataleando como siempre. Cuando llegué, mis compañeritos ya estaban dentro de la piscina con cara de miedo porque pronto los irían soltando para que patalearan, bracearan y tragaran agua como locos para llegar a la pared.
Yo me quedé de pié en el borde de la piscina, y mi profe, que en realidad era un encanto propuso:
Como hoy Pato viene a clases algo lesionada, ella va a decidir desde qué línea nadamos hoy.
Aquello me tomo por sorpresa, y entonces vi las caras de profunda satisfacción de mis compañeros, todos tan felices e ilusionados porque aquello venía a decir que nadarían desde la primera línea, entonces recordé las risas del parque y fue cuando algo raro se me metió en el cuerpo...bueno, no se metió si no que ¡despertó! y, ante la ilusionada mirada de mis hasta ese momento "amiguitos" solté: Desde la quinta línea profe. (Si veis de nuevo la imagen, veréis que es un poco mas de media piscina)
Jamás voy a olvidar las caras de estupor de todos esos niños, yo, la llorona de la piscina, los había condenado a uno de sus peores días de clases y yo descubrí en ese mismo instante que ¡Me encantaba la natación!.
Por un lado me sirvió para eliminar mis miedos y no tuvieron que obligarme mas a ir a clases. Por otro lado, sé a ciencia cierta cuál fue el primer acto "cabrónico" de mi vida (jijiji) y que desde ese momento, yo disfrutaría también de que mi Patosidad arrastrase a alguien conmigo y poder resarcirme aunque sea un poquito de las carcajadas que me persiguen.

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