Cuando era una niña, mis padres emigraron a Venezuela por lo que yo crecí en Caracas, una ciudad cosmopolita, con mucho tráfico y un ritmo de vida trepidante. Para mí, los animales domésticos se reducían a perros, gatos, hámster, loritos, periquitos, tortuguitas de agua y poco mas.
Los pollos, las vacas, las ovejas y ése "otro tipo" de animal doméstico era aquello que me servían en un plato según lo que escogiera del menú...¡hasta que volví a mi tierra natal! GALICIA. y empecé a experimentar sensaciones totalmente nuevas para mí... que el gallo me despertara con su canto ¡A CUALQUIER HORA!, que los Pavos Reales, aquellos majestuosos animales, chillan de una manera espantosa y también son capaces de sacarte de tus sueños con un susto de muerte.
También descubrí que puedes encontrarte con un rebaño de ovejas ¡en cualquier parte!, y que muchas veces tienes que esperar a que ellas terminen de atravesar la carretera para tú poder mover el coche y continuar tu camino.
Pero a pesar de todo nada se compara a la traumática experiencia que paso a contaros.
Cuando no andamos en coche, los seres humanos solemos conseguir atajos que nos lleven a nuestro destino caminando un poco menos. Uno de esos atajos, me llevaba a atravesar un amplio, verde y precioso campo. Yo la verdad es que disfrutaba muchísimo de esos paseos por "el monte", viniendo de una gran ciudad, es de agradecer vivir rodeada de naturaleza, en una ciudad pequeña en donde nunca hay prisa para nada.
Yo suelo ser muy despistada, sé que mi condición de Patosa me exige que camine usando mis cinco sentidos, atenta a todo para tratar de minimizar los riesgos de sufrir cualquier incidente, pero no, yo, además, soy despistada, por lo que a veces camino y no me doy cuenta de lo que me rodea hasta que no lo tengo encima.
Así iba yo, pensando en la inmortalidad del cangrejo, caminando por aquel campo cuando noté algo distinto en el paisaje...vacas, había vacas por todo el campo...¡y yo en todo el medio!. La mayoría pastaban tranquilamente, otras estaban echadas al sol...pero había una que se estaba acercando a mí. Aquella cosa era enorme y yo, que jamás había tenido cerca a ninguna, -que no fuera humana- no sabía qué hacer. Tenía miedo de correr y que aquella enormidad me persiguiera por el campo, tenía miedo de quedarme quieta y que me pasara por encima o peor aún...que me lamiera, así que opté por seguir caminando despacio sin quitarle la vista de encima y preparada para empezar a gritar como posesa si se me acercaba demasiado.
Se ve que la vaca no tenía ningún interés especial por mí, yo no estaba acostumbrada a compartir mi espacio con ellas, pero desde luego, ellas sí que estaban acostumbradas al ser humano, aunque en ese momento yo era un ser humano desquiciado por el miedo, pero no debió de percatarse.
Salí del campo jurándome que no volvería a cruzarlo si las vacas estaban sueltas y recuperando mi ritmo cardíaco poco a poco.
Tiempo después, el inconsciente hizo su trabajo y las vacas aparecieron de nuevo:
Una mañana me desperté muy cansada, pero estaba totalmente segura de haber dormido toda la noche del tirón, no como esas noches en las que te despiertas una y otra vez viendo pasar las horas del reloj.
Me estaba vistiendo cuando Santo (mi costillo), entra en la habitación con unas ojeras hasta la barbilla:
- Veo que tú tampoco has dormido bien.
Mirada ceñuda por respuesta
- Pues yo amanecí agotada, no descansé nada en la noche.
- Claro que estás cansada (mirada aún mas ceñuda), si te pasaste toda la noche bajando vacas del armario
- ??????
- Pues eso, que te levantabas e intentabas treparte por el armario para bajar a la p*t* vaca del armario
- ¿Qué hice qué?
- Te levantabas y decías que había una vaca sobre el armario, que había que bajarla para que no se cayera y nos aplastara.
Empecé a reírme como loca, mi pobre marido se había pasado la noche cogiéndome de la mano, metiéndome de nuevo en cama y diciéndome que ya la vaca se había marchado y yo al rato me volvía a levantar porque había otra vaca jajajaja, es lógico ¡en el campo habían muchas de ellas! así que bajar a una sola no era suficiente.
Mientras mas yo me reía, mas cara de circunstancia ponía mi pobre Santo, que resignado estaba a vivir con una patosa pero que no estaba dispuesto a que encima estuviera loca...
- Claro que estás cansada (mirada aún mas ceñuda), si te pasaste toda la noche bajando vacas del armario
- ??????
- Pues eso, que te levantabas e intentabas treparte por el armario para bajar a la p*t* vaca del armario
- ¿Qué hice qué?
- Te levantabas y decías que había una vaca sobre el armario, que había que bajarla para que no se cayera y nos aplastara.
Empecé a reírme como loca, mi pobre marido se había pasado la noche cogiéndome de la mano, metiéndome de nuevo en cama y diciéndome que ya la vaca se había marchado y yo al rato me volvía a levantar porque había otra vaca jajajaja, es lógico ¡en el campo habían muchas de ellas! así que bajar a una sola no era suficiente.
Mientras mas yo me reía, mas cara de circunstancia ponía mi pobre Santo, que resignado estaba a vivir con una patosa pero que no estaba dispuesto a que encima estuviera loca...
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