Los patosos somos aquellos que, básicamente, vivimos rodando por el suelo (o haciendo que sean otros los que rueden por nuestra causa).
También se nos identifica por la facilidad que tenemos de "reacomodar" la decoración de cualquier estancia, ya sean cuadros, jarrones, ceniceros, etc, objetos éstos que, normalmente, no sobreviven intactos a nuestro particular "reacomodo".
Somos especialistas en dejar nuestra huella (en forma de copa de vino derramada sobre el mantel"cuando no rota la copa también") en todo evento gastronómico al que asistamos, lo que muchas veces hace que nuestros familiares terminen por ponernos vasos de plástico para evitar, por lo menos, perder la copa, -ya que la factura de la tintorería va a ser ineludible-
En mi caso, voy un poco mas allá. A mayores de lo anteriormente descrito, la gente que me conoce mucho no se sienta NUNCA delante de mí en ninguna comida, porque, además de que seguramente mi vino (o incluso el de mis vecinos) correrá por la mesa, suelo atragantarme con mucha facilidad, máxime si están contando chistes justo cuando una va a deglutir (bendita sea la RAE on-line) el alimento en cuestión (¿a quién carajo se le ocurre contar chistes mientras se come?). El caso es que mas de un pobre inocente, ha terminado "cubierto" por el "bolo alimenticio" de mi boca, situación que no es nada agradable para la víctima a pesar de que a mí me dé por escoñarme de risa.
Sí sí, aunque os suene mal me escoño de risa, y lo hago por el placer de la revancha después de tantos años escuchando a la gente escoñarse a mi costa cada vez que me caigo o tengo algún altercado con el mobiliario urbano (farolas, bancos, papeleras...). Hay veces, que, incluso, el viento me trae las carcajadas lejanas de la gente que presenció alguno de mis momentos mágicos y que ya están a bastante distancia en el tiempo y el espacio ¡PERO SE SIGUEN RIENDO!.
La verdad es que puedo comprenderles, ya que después de "el incidente de turno" yo también me parto de la risa a mi costa ¡es inevitable!, lo que me hace pensar que tal vez me río de las víctimas de mi lluvia alimentaria porque soy un poquito cabrona...buenooooo, sí, lo soy y lo sé desde bien pequeñita...tenía unos cinco años cuando lo descubrí, aunque tardé un poco mas en interiorizarlo...pero esa es otra historia.
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